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la evolución del videojuego al juguete de Nintendo

Nintendo tiene un don para llevar un paso más allá todo lo que toca. Desconozco que comen, beben o respiran sus creativos para llegar del ‘Pokémon Amarillo’ de Game Boy a ‘Pokémon Let’s Go’. De una excusa con 20 años para aprovechar el tirón de los primeros juegos y vender la versión Color de la máquina, a la última revolución de la franquicia.

Esa vuelta de tuerca reciente no es otra que ‘Pokémon GO’, el ya archiconocido juego para móviles que, dos años después de su lanzamiento, aún sigue congregando a críos y abuelos en parques de todo el mundo. Todos en busca de ese último bicho que haga honor a la frase “Hazte con todos” que, por fin, ha aterrizado en Switch.

Una historia con más de 20 años a sus espaldas

‘Pokémon Let’s GO’ no era la entrega que pedía la comunidad. Ni cuenta con el esquema clásico que hemos visto durante más de una veintena de años en las portátiles de Nintendo, ni ofrece el mayor número de Pokémon, y ni siquiera es lo suficientemente original como para entregar una nueva historia, se agarra a la que muchos de nosotros ya vivimos de niños hace una eternidad.

Para más inri, el juego se presentaba con una nueva mecánica que, con la aparente intención de llevar a los usuarios de ‘Pokémon GO’ del móvil a Nintendo Switch, aniquilaba una de las principales premisas de la franquicia. En vez de debilitar al Pokémon en combate para poder cazarlo, nos basta con apuntar con la Pokéball al bicho y lanzarla.

Lo que en los móviles de casi 380 millones de usuarios funciona como un deslizamiento del dedo por la pantalla, aquí se traduce en el acto de tirar la bola con el mando, haciendo uso del sistema de detección de movimientos de Switch y, con mayor sutileza pero la misma fuerza, la vibración háptica del controlador.

Nintendo convierte lo que recordábamos como un videojuego en un juguete. De pulsar un botón al acto de lanzar. Del imaginario de un niño de 9 años a un despliegue visual que se siente más vivo y tangible que nunca. Es en ese punto, con el jugador nuevo y el de antaño ponen sus manos sobre lo que realmente significa ‘Pokémon Let’s GO’, cuando se descubre que Nintendo sabe mejor qué quiere la comunidad que nosotros mismos.

El auténtico nuevo Pokémon

Con el salto de la saga a las 3D de sobremesa, un paso adelante que se llevaba pidiendo desde hace más de una década, la gran N no sólo entrega un nuevo ‘Pokémon’, también el cambio de paradigma que probablemente le sirva para lo que vendrá en 2019 con la nueva secuela canónica de la franquicia.

La jugada es magistral. Es mucho más fácil tragar con los cambios que propone ‘Pokémon Let’s GO’ porque, de cara al nuevo usuario o el que llega de ‘Pokémon GO’, se limita a hacer crecer lo vivido en la pantalla del móvil con una fórmula más que demostrada. Y de cara al jugador de toda la vida, el chute de nostalgia de ‘Pokémon Amarillo’ es lo suficientemente apetecible para que trague con todo lo demás.

Pero no sólo del remake vive ese caramelo que tan bien se ha hecho venir Nintendo. Le acompañan una sartenada de mejoras con la que, de forma más o menos directa, la comunidad venía soñando desde hace una barbaridad de tiempo:

  • Que los movimientos especiales destinados a hacernos avanzar en la historia no ocupen un hueco clave entre los ataques de nuestros bichos.
  • Poder cambiar nuestro equipo de Pokémon sin tener que visitar un Centro Pokémon.
  • La posibilidad de ahorrarte combates al ver a los animales corriendo por el mapa y poder esquivarlos.
  • Incluir la opción de un modo cooperativo.
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Cambios que podrían haber introducido hace eones pero que, fruto de ser más listos que el hambre o la pura casualidad, han ido guardando en un cajón hasta que llegase el momento de querer contentar a la comunidad. De hacer que demandas que ya creíamos olvidadas se conviertan en esa cuchara haciendo el avión que nos mete el puré de verduras hasta el gaznate.

Un chute de nostalgia y amor por la saga

Pero de nada serviría todo ese festival de amigables novedades de no ser porque, en esencia, ‘Pokémon Let’s GO’ es un gran juego apoyado sobre unos pilares muy sólidos. Con la región de Kanto y los primeros Pokémon como protagonistas, la historia de la que luego partirían serie, películas y merchandising para convertirse en la franquicia que más dinero genera en el mundo (más aún que Mickey Mouse, Star Wars o Harry Potter), es un paso muy inteligente que es imposible no querer aplaudir.

Con el carisma de sus dos Pokémon principales, un Pikachu o un Eevee que nos acompañan en todo momento dándonos la opción de personalizarlos o acariciarlos, el jugador se embarca en una vieja aventura que sigue teniendo la misma fuerza que antaño. El camino de un héroe en el que, más que nunca, la principal premisa es capturar a cuantos más Pokémon mejor.

Como viejo niño y padre he tenido la suerte de vivir ese renacimiento de una de las sagas estrella de mi niñez junto a mi hijo, lanzando bolas a la vez que se combinaban en el aire con un espectáculo de luces y sonido. Pero no han sido esos artificios los que me han ganado, sino el brillo en sus ojos al decir “lo hemos cazado juntos”, que me han transportado por un viaje de más de 20 años con el que es muy difícil no emocionarse.

Con una frase que ya parece más un eslogan que un comentario ocurrente, Nintendo lo ha vuelto a hacer. Con una franquicia que, a base de repetir fórmulas y mostrar una aparente falta de originalidad, parecía condenada a la decadencia, ha rebuscado en el lodo y ha sacado oro. ‘Pokémon Let’s GO’ es el juego que no sabías que querías hasta que te pones a jugarlo.

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