La líder hongkonesa Carrie Lam dijo el lunes que «reflexionará seriamente» sobre la victoria aplastante que obtuvieron los candidatos prodemocráticos en las elecciones locales que fueron vistos como una clara reprimenda de cómo la gobernante ha manejado las violentas protestas en este territorio chino semiautónomo.

El principal partido prodemocracia obtuvo casi el 90% de los 452 puestos de concejal de distrito, dijo el lunes el líder del grupo, Wu Chi-wai. El resultado les daría el control de 17 de los 18 consejos de distrito, algo sin precedentes. Las cifras se basaban en conteos oficiales anunciados por autoridades electorales.

El resultado de los comicios podría obligar al gobierno central en Beijing a reconsiderar cómo gestiona las protestas, que ya van por su sexto mes. Los consejos de distrito tienen poco poder, pero la votación se percibió como un referendo sobre el apoyo público a las protestas.

«No es menos que una revolución. Es una victoria demoledora», dijo Willy Lam, experto político en la Universidad China de Hong Kong. «Es un sonoro rechazo al gobierno de Carrie Lam y muestra que la mayoría silenciosa apoya las demandas de los manifestantes».

La gobernante reconoció que algunas personas vieron los resultados como una representación de la «insatisfacción pública con la situación actual y los problemas profundamente arraigados en la sociedad». Agregó que el gobierno «escuchará humildemente las opiniones del público y reflexionará seriamente» sobre ellos.

El bando prodemocrático describió su triunfo en las elecciones _unos comicios que no suelen dar mucho que hablar_ como una victoria del pueblo, y dijo que Lam y Beijing deben considerar seriamente las exigencias de los manifestantes, en particular la formación de una comisión independiente que investigue los sucesos de los últimos seis meses.

«Solo somos vehículos utilizados para reflejar las preocupaciones de la gente», dijo Wu.

Beijing, que acusa a potencias extranjeras de fomentar los disturbios en Hong Kong, no ha dado indicios de que pueda suavizar su posición hacia la excolonia británica, devuelta a China en 1997.

El ministro chino de exteriores, Wang Yi, dijo el lunes a la prensa durante una visita a Tokio que cualquier intento de desestabilizar a Hong Kong será inútil.