Cuando se combinan y ajustan correctamente tres mutaciones genéticas específicas, los científicos pueden convertir las plantas de tomate en arbustos extremadamente densos. Esta edición genética hace que se agrupen como uvas.

Los tomates pueden ser un poco problemáticos. Desde su propensión a las plagas hasta sus grandes necesidades de sol y sus largas y difíciles ramas, estas deliciosas verduras no siempre son fáciles de cultivar, especialmente en espacios pequeños. Ahora, usando la edición genética, los investigadores han desarrollado plantas de tomate que crecen como un arbusto.

Desde hace varios años, sabemos que podemos modificar genes específicos para controlar la floración y hacer las plantas más densas. Pero llevó algún tiempo descubrir cómo combinar esos rasgos en un tomate pequeño y de alto rendimiento.

Zachary Lippman, biólogo de plantas del Laboratorio Cold Spring Harbor del Estado de Nueva York.

Lippman y sus colegas han publicado sus resultados en la revista Nature Biotechnology.

Todas las plantas con flores tienen un sistema universal de genes que codifican las hormonas que le dicen a la planta que deje de hacer crecer hojas y empiece a producir flores. En la naturaleza, esos dos períodos de crecimiento están bastante equilibrados. Pero los fitogenetistas agrícolas le dan mucho más peso a la fase de crecimiento vegetativo de la planta, cuando produce hojas, ya que así es como crece.

Zachary Lippman.

Sin embargo, dado que la floración es lo que produce frutos y semillas, Lippman y sus colegas también han estado investigando cómo acelerar esa fase.

En este trabajo, identifican el tercero de una serie de genes que necesitan ser modificados para permitir una floración y un crecimiento del fruto más rápido. Los dos primeros, que ya se conocían, controlan directamente la rápida floración y el crecimiento del fruto. Pero el tercero, que identificaron en este trabajo, en realidad controla la longitud del tallo. Usando CRISPR-Cas 9 para “apagar” estos tres genes, fueron capaces de producir pequeños arbustos de tomate que producen ramilletes de cherry en menos de 40 días.

La humanidad ha pasado los últimos milenios modificando genéticamente las especies de cultivos mediante la reproducción de las características más favorables a lo largo de las generaciones. Este tipo de mejora funciona seleccionando especímenes que tienen mutaciones que los convierten en mejores cultivos, para un mayor rendimiento o un crecimiento más rápido. Estos cultivos son ideales para su cultivo en granjas tradicionales.

Pero los investigadores piensan que la forma de vivir actual requiere de cultivos que puedan crecer en nuevos ambientes y tomar nuevas formas. Y dado que es necesario que la agricultura humana se revolucione rápidamente a fin de reducir las emisiones y alimentar a una creciente población mundial, al mismo tiempo que se adapta a los efectos del cambio climático, es preciso que esos cultivos lleguen pronto al mercado, y no en el lapso de varios decenios necesario para desarrollarlos de la manera tradicional. Ahí es donde entra en juego la edición genética: Los científicos pueden desencadenar instantáneamente mutaciones que pueden tardar décadas o más en aparecer de forma natural.

El equipo ha bautizado a las plantas “tomates para agricultura urbana” porque forman parte de un esfuerzo más amplio para su uso en las ciudades. Estas plantas deben ser compactas y eficientes, y deben poder crecer en granjas verticales. El método, según los investigadores, es “muy reproducible” en otras plantas, dice Lippman, porque el conjunto de genes que controlan la floración son universales.

Pronto podríamos tener arbustos de pepinos y kiwis también.

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Más información: www.nature.com

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