“Muchos wayuu comen cactus porque no hay nada más”, relató el abogado Carlos Balcázar, asesor de esa organización.

A la falta de alimentos, se le suman la sequía y la falta de agua potable, que han estado presentes en esa zona de La Guajira desde hace mucho tiempo, pero que se han visto agudizados por la pandemia de COVID-19.

“Las familias acuden a los pozos o jagüeyes y no es agua potable, porque los carrotanques de la Triple A, entidad contratante de la administración municipal de Uribia, no son suficientes y algunos no cumplen con el reparto en los diferentes corregimientos”, agregó Elímenes Zambrano, miembro de la Red de Comunicaciones del Pueblo Wayuu.

Las ayudas del Gobierno Nacional habrían llegado en el inicio de la pandemia a los municipios de Bahía Honda, Puerto Estrella y Taguaira (La Guajira), pero desde mayo no se habrían suministrado más auxilios.

“Hay que esperar que vuelvan o confiar en una bendición y que llueva pronto en la Alta Guajira”, reflexionó Zambrano.

Los pedidos de ayuda se dan dos días después de una denuncia hecha por Human Rights Watch (HRW) acerca de la desnutrición de esa comunidad indígena y cómo los niños están en riesgo de muerte por las medidas de aislamiento decretadas a causa de la pandemia.

En un extenso informe se explica que “las comunidades indígenas de La Guajira no tienen acceso a alimentos suficientes ni al agua necesaria para practicar una higiene básica, incluyendo lavarse las manos, y la información y acceso a la atención en salud es sumamente deficiente”, señaló José Miguel Vivanco, director para las Américas de HRW.

 

Pulzo.

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