Vestidos de blanco, familiares y amigos de Juliana Giraldo llegaron hasta la funeraria El Milagros, localizada en el municipio de Jamundí, para darle el último adiós a esta mujer trans que murió a manos de un soldado que disparó su arma en una carretera de Miranda, Cauca.

Las principales calles del municipio que la vio crecer, sirvieron para rendirle un homenaje y hacer un llamado a la reconciliación.

Su madre, Gloria Díaz, tan solo hasta la mañana de este domingo pudo ver a su hija, después de llegar de España en un vuelo humanitario gestionado por la Cancillería, la Defensoría, Equidad Mujer y el alcalde de la localidad, Andrés Felipe Ramírez.

“Tenía miedo de llegar, duele mucho y me parece mentira que sea mi hija la que está en ese ataúd, ya la toqué, ya la vi pero me parece mentira, a pesar de todo he estado tranquila y siempre desde el jueves que me enteré de su muerte he estado acompañada, tanto de personas que me conocen como las que no, en el avión cuando las personas se daban cuenta quien era, me daban un mensaje de apoyo y solidaridad”, manifestó Gloria.

En medio del homenaje, reiteró que perdona al soldado que le disparó a su hija y considera que él es quien menos tiene la culpa de lo sucedido.

“Claro que hay culpables en este asesinato, pero para mí la persona menos culpable es el soldado que mató a mi hija, yo que he vivido en el campo, he visto como ellos sufren, el hambre que deben aguantar, las condiciones en que los tienen, la presión, el maltrato, las humillaciones a las que lo someten, yo he visto todo eso”, dijo.

Agregó que son jóvenes que están empezando a vivir y “es una lástima que los lleven a pagar servicio gratis, que los lleven a matar, no se justifica esto, son muchachos que no les dan un entrenamiento que fortalezca sus valores y los meten al monte así con hambre y con frío, con temor porque son muchachos que no están acostumbrados a la guerra”.

La muerte de Juliana, que se presentó durante un procedimiento del Ejército en Miranda, Cauca, convocó no solo a sus seres queridos, sino también a miembros de la comunidad LGBTI, quienes aprovecharon el momento para alzar su voz de protesta y pedir respeto para que no sigan siendo objetos de burlas.

“Estamos luchando siempre por el respeto y por el derecho a la igualdad, lo digo porque yo soy una persona que en mis documentos tengo mi nombre de nacimiento, pero eso no significa ni le da derecho a nadie, que cuando lo presente se burlen de mí, así en mi cédula diga que tengo mi nombre de nacimiento, yo tengo el derecho de que me llamen por el nombre que escogí al ser una chica trans”, enfatizó Gloria Arias, amiga de Juliana.

Finalmente Francisco Larrañaga, su esposo y quien no se despegó del féretro, manifestó que no guarda rencor hacia el soldado que disparó contra su esposa y que todo lo dejará en manos de Dios para que vuelva la tranquilidad a su vida.

La caravana culminó en el cementerio central de Jamundí, donde reposará el cuerpo de Juliana, aquella mujer soñadora, trabajadora y amiga de muchos, cualidades con las que será recordada.