Los confinamientos por COVID-19 han despejado los cielos en algunas de las ciudades más contaminadas del mundo, pero el aire no se ha purificado para todos y en ciertos centros urbanos sigue siendo dañino para la salud.

Después de reportes iniciales de drásticas reducciones de la contaminación ambiental, los científicos que analizan los datos a profundidad han encontrado que las mejorías fueron menores de las que esperaban.

No todos los componentes disminuyeron y los beneficios son diferentes de acuerdo con el lugar. Los resultados tienen implicaciones en los esfuerzos para limpiar el aire del planeta.

Cuando el coronavirus afectó Wuhan y otras ciudades chinas a principios de 2020, el gobierno impuso los primeros confinamientos masivos. El tráfico se desvaneció de las ciudades y los satélites registraron una marcada reducción de dióxido de nitrógeno, NO2, un contaminante altamente reactivo generado por las emisiones de combustibles fósiles.

Otras ciudades observaron también caídas en la medida que la pandemia se propagó por todo el mundo.

Los efectos del clima

Fue difícil, sin embargo, afirmar si exactamente la razón fue por los confinamientos, porque los niveles de contaminación del aire dependen mucho del clima. Un día muy ventoso puede limpiar el aire de una ciudad, mientras que un día húmedo puede empeorarlo.

Por ello, el profesor de química atmosférica de la Universidad de Birmingham  Zongbo Shi y sus colegas usaron una máquina para “desclimatizar” los datos en un nuevo estudio publicado en la revista Science Advances.

Encontraron que las reducciones fueron reales, pero menores de las que esperaban. Por ejemplo, después de los confinamientos en Wuhan, los niveles de NO2 cayeron casi en un 90%, pero al extraer el factor climático, el grupo de Shi descubrió que solo fueron responsables por un tercio de esa cantidad.

Eso es porque la actividad no se paralizó completamente. En Londres, por ejemplo, mientras el tráfico de automóviles disminuyó en un 80%, el de camiones de reparto y otros vehículos pesados solo se redujo en un 30% a 40%. 

También, con mucha de la fuerza laboral trabajando desde sus hogares, el uso de electricidad apenas disminuyó, como tampoco las emisiones de las plantas generadoras.

O sea, aunque el NO2 se redujo, los niveles de otros contaminantes peligrosos se incrementaron.

En esto entra a jugar que muchas particularidades de la química atmosférica se conocen solo en parte.

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Aumento del ozono

Otro contaminante, el ozono, puede aumentar cuando disminuyen los niveles de NO2, pero muchos científicos se sorprendieron de lo enorme del efecto durante los confinamientos por COVID-19.

Un estudio publicado en la revista Science documentó niveles extremadamente altos de ozono y una contaminación de partículas finas en ciudades del norte de China durante los confinamientos de fines de enero y principios de febrero.

Malas condiciones del tiempo, como aire estancado o elevada humedad, se combinaron con el resultado de la disminución de las emisiones de NO2 para empeorar la situación.

“Estamos hablando de una caída sin precedentes de las emisiones (de NO2), pero también vemos este evento de contaminación peor de lo normal”, dijo uno de los autores del estudio, Yuan Wang, un científico atmosférico del Instituto de Tecnología de California. “Eso no es lo que esperábamos”.

La contaminación de partículas finas, conocida como PM2.5, también aumentó en muchos lugares de Estados Unidos, dijo la científica ambiental de la Universidad de Delaware Cristina Archer.

En un estudio que ella y sus colegas publicaron en el Bulletin of Atmospheric Science and Technology, señalaron que los niveles de NO2 disminuyeron en todo el país.

Y cuando observaron el PM2.5, “lo más probable es que habría subido en lugar de disminuir”.

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Mucho que aprender

Los mismos factores que hacen disminuir al NO2 más de lo esperado es probable que afecten la contaminación de ozono y partículas finas, dijo Archer: el tráfico de automóviles disminuyó, pero no el de los vehículos de reparto de diésel. Las plantas generadoras casi no resultaron afectadas.

Además, los químicos en el aire pueden interactuar entre sí para producir contaminación de partículas en formas que los investigadores no aciertan a comprender completamente. Pequeños cambios en unos pueden resultar en grandes diferencias en los otros. Los científicos dicen que estudiarán por muchos años lo sucedido durante los confinamientos por COVID-19.

En algunas ciudades, todos los factores se alinearon. Los residentes de Los Ángeles disfrutaron de los cielos más limpios en muchos años, por ejemplo.

Sin embargo, la mayor paralización de la economía de la historia moderna no fue suficiente para producir un aire saludable en ciudades como Beijing y Nueva Delhi. 

“Hay que hacer cambios más fundamentales en la firma en que vivimos para tener el aire limpio que necesitamos”, dijo el profesor Shi.