En su homilía en sufragio del Papa Francisco, el obispo de Tortona, monseñor Guido Marini, desde hace ocho años su Maestro de las celebraciones, relata la fe y humanidad del Pontífice argentino
Vatican News
Así se había escuchado responder a monseñor Guido Marini, hoy obispo de Tortona y entonces maestro de las Celebraciones litúrgicas pontificias, cuando había propuesto un poco titubeante al Papa Francisco un rosario de oro para regalar a la estatua de la Virgen de Fátima que pasaba por la Plaza de San Pedro. Marini lo contó durante la misa en sufragio del Pontífice celebrada el 23 de abril en la catedral de Tortona.
«Sabemos cuán devoto era de la Virgen – dijo el obispo – su deseo, expresado también en su Testamento, era ser enterrado en la Basílica de Santa María la Mayor, en la capilla de la Salus Populi Romani, adonde acudió tantas veces durante su Pontificado, antes y después de cada viaje y en otras numerosas circunstancias, pero quiero recordar dos episodios en particular al respecto».
«Estábamos al inicio del Pontificado… y en la Plaza de San Pedro habían traído la Estatua de Nuestra Señora de Fátima y el Papa tenía que hacer un gesto de veneración y se pensó en hacer que el Papa hiciera este gesto, poner un rosario en las manos de la Virgen».
El Rosario de oro para la Virgen de Fátima
«Así que fui en busca de un rosario – continuó monseñor Marini – pero no encontré nada significativo, excepto un rosario muy bonito, muy bonito, de oro, y debo decir que me dio un poco de vergüenza, también porque ya sabía que el Papa amaba las cosas sencillas, las cosas pobres, pero había poco tiempo, no había encontrado nada más que fuera un poco significativo. Me dirigí al Papa, le dije Santo Padre, he encontrado un rosario… “Bien, bien, bravo”, y luego añadí, es un rosario de oro. Estaba preparado para oírle decir no, no, no, y en cambio dijo: “Está bien, está bien, porque con la Virgen no se hacen cálculos, un rosario de oro está bien”».
Siguiendo con el tema de la devoción mariana de Francisco, el obispo de Tortona añadió:
Misericordia
Monseñor Marini se refirió a continuación al tema principal del pontificado, la misericordia: «Recuerdo en la basílica de San Pedro la primera liturgia penitencial que vivió el Papa durante la Cuaresma. Era el momento en el que él y otros sacerdotes se disponían en los confesionarios para escuchar las confesiones de todos los presentes y a mí me tocó acompañarlo a su confesionario».
«Cuando estábamos cerca de su confesionario, cambió de dirección – fue inesperado – y se dirigió a otro confesionario que estaba cerca y se arrodilló delante de un confesor que estaba atónito, e hizo allí su confesión para que todos lo vieran». Luego, en la sacristía, dijo:
«Vivir el Evangelio es la verdadera alegría de vivir»
A propósito de esa alegría del Evangelio que dio nombre a la primera exhortación apostólica del Papa argentino, Marini relató: «Él dijo una vez: “Ves, a mí me gusta mucho ir entre la gente con una sonrisa en los labios, tal vez a veces haciendo algunos gestos un poco particulares, porque quiero comunicar la alegría del Señor, quiero que todos puedan tocar realmente con las manos, que pertenecer a él viviendo el Evangelio es la verdadera alegría de la vida. Eso es, la alegría del Evangelio, la alegría de Jesús”».
El obispo recordó entonces la palabra «Todos» repetida tres veces en la última Jornada Mundial de a Juventud de Lisboa: «Todos, todos, todos, todos, todos. ¿Qué quería decir? Que la Iglesia no puede dejar de tener en su corazón el deseo de llegar a todos, de escuchar a todos, de dialogar con todos, de llevar a todos la belleza del Evangelio que salva, y del Señor que es el Salvador».
El tema de la sinodalidad
A continuación, Marini se refirió a la sinodalidad: «Nos hemos implicado en este camino sinodal, un camino que el Papa quería obstinadamente, esto me lo dijo varias veces personalmente, no para que se redactaran documentos». Decía:
Atención por los más frágiles
Sobre el amor del Papa por los pobres, el antiguo Maestro de las Celebraciones pontificias dijo: «Se preocupaba por los pobres, se preocupaba por todas las necesidades de la humanidad y no era una pose. Un día, en la sacristía, después de un encuentro con algunos pobres, lo vi llorar y lloraba de verdad, porque sentía la pobreza de la humanidad en todas sus formas como un dolor propio, un dolor personal, un dolor que le llegaba al corazón».
Párroco del mundo
«Una vez más, monseñor Marini citó su compromiso por la paz, como un profeta a menudo desoído, que no se cansó nunca de proclamarla, de anunciarla, de pedirla como un don para esta pobre humanidad nuestra en guerra».
Un pastor que «amaba apasionadamente al mundo y una cosa que siempre me ha quedado grabada es que se interesaba por todo, por todo, porque todo lo que tenía que ver con el hombre le interesaba, todas las expresiones de humanidad le interesaban, todo lo que tenía que ver con el hombre estaba en su corazón y se lo tomaba a pecho. Quería ser… un poco el párroco del mundo, piensen en las llamadas telefónicas que hacía a la gente corriente o en las tarjetas de autógrafos que enviaba por todo el mundo».
Coraje y libertad
Por último, el obispo de Tortona recordó el «coraje y la libertad» de Francisco: «Ha querido contribuir a la reforma de la Iglesia. La Iglesia, en todos los momentos de la historia, necesita ser reformada en su dimensión humana. ¿Por qué? Porque el tiempo produce incrustaciones, mecanismos que ya no giran como deberían. Con valentía y libertad ha intentado aportar su propia contribución en este sentido. Y ciertamente esto no siempre le ha hecho ser bien recibido».
«El día de su primera toma de posesión como Papa, pueden imaginarse el júbilo que se produjo en la Plaza de San Pedro. Al volver a la sacristía, imagínense lo que dijo: “Este júbilo de la gente en la Plaza de San Pedro me ha hecho pensar en la entrada de Jesús en Jerusalén. E inmediatamente pensé y me dije: «Acuérdate de esto cuando lleguen los días de la Pasión y de la Cruz”. Y así fue. Porque así es para todos los Papas».